PERFIL DE LA DIÓCESIS ANGLICANA DEL NORTE DE MÉXICO

AÑO 2002

 

Panorama General de la Diócesis Anglicana del Norte de México

 

La Diócesis Anglicana del Norte de México es geográfica, jurídica e históricamente una parte integral de la Iglesia Anglicana de México, antes llamada Iglesia Episcopal Mexicana, cuyo origen en México se remonta a los años cincuenta del Siglo XIX, conocida entonces como “Iglesia de Jesús.”

 

Esta Iglesia es miembro constituyente de la Comunión Anglicana, que es una comunidad dentro de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, de aquellas Diócesis, Provincias e Iglesias regionales debidamente constituidas en comunión con la sede de Canterbury, que mantienen el Orden histórico y propagan la Fe de nuestro Señor Jesucristo tal y como se enseña en las Sagradas Escrituras como la sostuvo la Iglesia Primitiva, como se encuentra resumida en los Credos declarada por los primeros Concilios Generales y expresada en el Libro de Oración Común.

 

[Historia aquí]

 

Actualmente el personal clerical que labora en la Diócesis Anglicana del Norte de México está integrado por 14 presbíteros y 1 diácona con residencia canónica en la Diócesis. La feligresía está integrada por dos Parroquias, una Parroquia Asociada, 18 Misiones Organizadas, y dos Estaciones de Predicación. Actualmente se estima que hay una asistencia dominical promedio de 1020 personas en toda la diócesis. La infraestructura diocesana comprende 20 templos, 17 salones parroquiales, 17 casas parroquiales, 4 propiedades adicionales con casas u otras construcciones, 1 centro diocesano, 1 propiedad de extensión considerable con edificios en mal estado físico, 1 acampamento en mal estado físico, y 3 terrenos para futura construcción de templos.

 

Con esta fecha, 19 de octubre del año de gracia 2002, se iniciará el proceso de elección del Tercer Obispo de la Diócesis anglicana del Norte de México, en virtud d la destitución del anterior Obispo Diocesano.

 

ESTUDIO REALIZADO EN EL AÑO 2001

 


ELECCIÓN DE UN OBISPO

 

DIÓCESIS ANGLICANA DEL NORTE DE MÉXICO

AÑO 2002-3

 

La elección de un Obispo Diocesano tiene semejanzas cercanas, aunque no las mismas características, a una carrera de relevos. Es obvio que todas las semejanzas son imperfectas, pero a la vez, son útiles en cuanto nos ayudan a pensar en una forma gráfica y visualizada sobre un asunto que no siempre se puede describir con simples palabras.

 

Estamos usando la figura de una carrera de relevos, por la similitud de sus objetivos generales: un evento en el que todos los integrantes forman un equipo que desea obtener el premio para el equipo mismo, con la satisfacción de haber hecho lo mejor que a cada uno corresponde en su momento y oportunidad.

 

Cada corredor corre con tanta prisa y eficiencia como puede, avanzando con el convencimiento  que lleva al equipo todo a sus espaldas durante el trayecto que le corresponde cubrir y que, antes de llegar a un estado de agotamiento, deberá pasar la estafeta (báculo, símbolo de su responsabilidad y autoridad) a otro corredor, quien continuará desde ése punto con esa responsabilidad y corriendo tan aprisa como pueda para cubrir responsable y eficientemente el tramo que le corresponde con rumbo a la meta final.

 

Existen cuando menos, tres características básicas que deben tener los corredores elegidos para competir:

a)      Músculos sanos, con una correcta coordinación o dominio de los mismos que ofrezcan una fuerza física adecuada.

b)      Un adecuado período de entrenamiento que le permita una eficiente disciplina personal, demostrando capacidad para hacer bien las cosas en orden a prepararse a competir decorosamente en la carrera y mostrando estar dispuesto a ser disciplinado, a trabajar duro y a querer desarrollar el potencial o talentos que posee en bien del equipo.

c)      Una probada motivación para correr duro buscando siempre la participación del equipo, como miembro del mismo y no como corredor individual, esto es, haber demostrado una disposición para trabajar como compañero en forma compartida, con la voluntad de trabajar por el éxito del equipo y no por ambiciones propias.

 

Estas características pertenecen también al papel, función y trabajo de un Obispo Diocesano. El Obispo debe:

a)      Estar dotado, esto es, poseer por naturaleza una salud férrea, los talentos y virtudes requeridas para esa función tan importante y delicada de la Iglesia que es el Cuerpo (equipo) de Cristo.

b)      Haber tenido en su vida sacerdotal, ciertos tipos de experiencias que preparan a una persona para responsabilidades mayores en el ministerio sagrado.

c)      Estar dispuesto a responder al “llamado” con una motivación interna, subjetiva y espiritual, que responda creativamente a la invitación de la comunidad a ministrar como Obispo (Pastor principal).

 

 

Para lo anterior, hay varios parámetros que nos permiten analizar la personalidad de quien o quienes pudieran aspirar a tal Oficio y Ministerio. En primer lugar anotamos algunos de carácter de relaciones humanas.

 

TALENTOS NATURALES

PREPARACIÓN

ENTRENAMIENTO

CONVICCIONES INTERNAS, ACTITUDES

Rasgos de la personalidad tales como:

Educación formal

Integridad de carácter

  • Apertura-confianza
  • Escolaridad básica

 

  • Amistoso-agradable
  • Grados académicos

 

  • Flexible, no legalista

Educación no formal

Entusiasmo por la vida en general

  • Afectuoso-atento
  • Estudios personales

 

 

  • Cursos no-acreditados

Optimismo y confianza

 

  • Interés personal en aprender

 

Talentos (dones) físicos

  • Presentación personal
  • Facilidad de palabra

Constancias de Educación Continuada

Libertad de:

  • Complejos
  • Ansiedades

Dones de Inteligencia tales como:

  • Vivacidad
  • Vigilancia
  • Inteligencia nata

Experiencia en el trabajo bajo supervisión

Entusiasmo por el ministerio actual

Salud, incluyendo:

  • Historia médica
  • Vigor y nivel de energía actuales
  • Hábitos de mantenimiento y recuperación de la salud, física, mental y espiritual

Variedad de experiencias de trabajos realizados

 

Áreas de complementación

 

Capacidad demostrada para manejar una falla o error [Ejemplos concretos y específicos]

Evidencia de convicciones

 

Evidencia de auto-dirección o dirección interna

 

Énfasis en introducir cosas nuevas o en conservar, vigilar y cuidar los patrimonios culturales y materiales.

 

En segundo lugar, anotamos aquellas características que en la vida presente se consideran como básicas para el ejercicio del liderazgo episcopal en esta Diócesis Anglicana del Norte de México.

 

Se considera que un líder es un hombre o mujer visionario que se convierte en agente de cambio, un educador con capacidad de servicio para crear con imaginación las posibilidades que los demás no ven o no tienen la suficiente fe de realización.

 

“El liderazgo es la acción de influir en los demás; son las actitudes, conductas y habilidades de dirigir, criticar, motivar, vincular, integrar y optimizar el quehacer de las personas y grupos para lograr objetivos deseados, en virtud de su posición en la estructura de poder promover el desarrollo de sus integrantes.” (Warren Bennis).

 

En un taller realizado en Monterrey, N.L. sobre el perfil del Obispo Diocesano, se desarrolló una lista de características que deben caracterizar en mayor o menor grado al futuro Obispo Diocesano.

 

El Obispo Diocesano es:

 

Pastor Principal: consejero personal, líder.

Guardían de la Fe: ortodoxo, entrenador, maestro.

Ministro Apostólico: Confirma, ordena.

Administrador y Ecónomo: Administración de personal, presupuesto, programa.

Empresario – Gerente

Misionero

Observa los Cánones

Comunicador adentro y fuera de la Diócesis

Representante legal

Autoridad Eclesiástica.

 

Se busca:

 

 

 

OFICIO Y MINISTERIO DEL OBISPO

 

Conforme al Libro de Oración Común, el ministerio del Obispo es: “Representar a Cristo y su Iglesia, especialmente como apóstol, sacerdote principal y pastor de una diócesis; velar por la fe, unidad y disciplina de toda la Iglesia; proclamar la Palabra de Dios, actuar en nombre de Cristo para la reconciliación del mundo y la edificación de la Iglesia, y ordenar a otros para continuar el ministerio de Cristo” (L.O.C., pág,. 748).

 

De esta declaración doctrinal, se deduce que el Obispo debe:

 

 

Por consiguiente, el Obispo debe ser: Evangelizador, testigo, ejemplo de vida, pastor, reconciliador, guardián, continuador, edificador, administrador y servidor.

 

Además, las lecturas bíblicas señaladas para el Rito de Ordenación y Consagración de un Obispo indican que éste debe tratar de lograr ser:

 

 

Y por último, anotamos lo que el Apóstol San Pablo recomienda como calificaciones necesarias que debe tener quien o quienes aspiran al episcopado:

 

“He aquí una norma de fiar: si uno aspira al episcopado, desea una tarea importante. Pues el obispo ha de ser intachable, fiel a su mujer, sobrio, modesto, cortés, hospitalario, buen maestro, no bebedor ni pendenciero, sino amable, pacífico, desinteresado; ha de regir su familia con acierto, manteniendo sumisos a los hijos, con toda dignidad; pues si uno no sabe regir la propia familia, ¿cómo se ocupará de la Iglesia de Dios? Que no sea recién convertido, no se vaya a envanecer y a incurrir en la condena del diablo. Es conveniente tener buena fama entre los de fuera, para que no se desacredite y no lo enrede el diablo.”

 

TEOLOGÍA ACERCA DEL EPISCOPADO

 

Se puede asumir que todas las Provincias de la Comunión Anglicana dan la misma respuesta al preguntarse: “¡Qué es el Episcopado?”, en tanto que las respuestas difieren ampliamente cuando la pregunta se plantea así: “Qué es lo que hace el Episcopado, y qué expectativas se tienen en cuanto al comportamiento del Obispo en su área?” ¿Podemos suponer con seguridad que todas las muchas y variadas formas del Episcopado en el mundo de hoy en día son manifestaciones válidas de un concepto teológico central?

 

Para señalar un concepto teológico general sobre el Episcopado, es necesario el examen de las suposiciones siguientes:

 

1.      Dios ha diseñado una función de liderazgo, o mejor dicho, una serie de funciones, para ser cumplidas por algún ser humano con el propósito de comunicar la Divinidad al mundo, a la luz de la Encarnación.

2.      Según la sabiduría propia de Dios, y en varias maneras, Dios designa o llama a ciertos individuos a ése trabajo, para cumplir con dichas funciones de Liderazgo Apostólico.

 

Basándose en ésas suposiciones y para los propósitos de nuestra reflexión, un concepto teológico o teórico del Episcopado en términos generales, puede parecerse a lo siguiente:

 

1. Desde el principio, Dios ordenó que entre su pueblo hubiera personas designadas que tomaran el liderazgo en todo tiempo, para:

   a. Buscar discernir la voluntad de Dios para la creación.

   b. Encontrar sentido y propósito en dicha creación, y

   c. Seguir siendo sensitivas a la revelación continua de Dios dentro del orden creado.

 

2. Al estar experimentando el pueblo de dios el orden creado, Dios sabe de los riesgos a que está sometida la naturaleza humana y a las tensiones, dolores, crisis, y oportunidades que la experiencia humana provee para su crecimiento. Dios ha preparado medios de protección y de sanidad para ser transmitidos por medio del ser humano, como pastores que ministran los misterios en las angustias y en los conflictos por medio de oportunidades para el crecimiento continuo.

3. En este ministerio, la fe humana requiere fortalecimiento por medio de la enseñanza y la transmisión cuidadosa y constante de la verdad de generación en generación. Esta verdad sostiene el sentido y propósito de la vida como ha sido establecida por la Voluntad Divina. Pero en cada generación, la naturaleza humana requiere ser elevada y sostenida por la Fe encomendada a los maestros, quienes enseñarán en el nombre de Dios.

4. Una vez instruidos y comprometidos con la Fe, los hombres y mujeres se reúnen para apoyo mutuo y para compartir y difundir su fe En esta dinámica de grupo hacia la verdad se necesitan líderes, quienes escogerán dirección para el mismo y quienes formarán el grupo y lo influenciarán por medio de la selección de metas cuyos valores de base, son consistentes con la Verdad sobre la cual se basa la creación, el significado y el propósito de la vida.

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